ADOLESCENCIA
El término adolescencia proviene del verbo latino «adolecere»: crecer, desarrollarse. Es por tanto una etapa vital en la que se va hacia un crecimiento. Un tránsito hacia la juventud y la adultez. Una búsqueda del «yo». Una aventura donde relacionarse con los iguales y, habitualmente, cuestionar los principios familiares. La oposición como forma de hallar algo propio con lo que identificarse. Es un viaje hermoso que, en ocasiones, puede resultar dificultoso de llevar adelante sin una brújula.
En nuestro centro facilitamos un espacio de confianza y respeto donde el/la adolescente pueda ahondar en su propia identidad, sus miedos, sus deseos, los conflictos imperantes en su vida y sus objetivos.
¿CUÁNDO ACUDIR A TERAPIA?
Crisis de identidad
Conflicto familiar
Dificultades escolares
Baja autoestima
Dificultades relacionales
Aislamiento
Depresión
Ansiedad
Miedo
Inestabilidad emocional/agresividad
Falta de motivación
Adicciones
Trastornos alimenticios
¿CÓMO SE TRABAJA EN TERAPIA?
Con niños/as mayores y adolescentes, los terapeutas comparten actividades e ideas centradas en aprender las habilidades que necesiten sus pacientes. El trabajo terapéutico se centra en la expresión de sentimientos del adolescente y la resolución de problemas cotidianos que les causan malestar. La terapia ayuda a construir sentimientos positivos, como la confianza en uno/a mismo/a, la valentía y la esperanza. Se trabajan a su vez las relaciones con los padres y madres, con los iguales, el paso del niño/a al adulto, la imagen corporal, los límites en la adolescencia…
La terapia con adolescentes, al igual que la terapia infantil, puede llegar a ser también familiar, puesto que los padres y madres podrán participar del proceso en diferentes ocasiones, siempre que el/la adolescente de su permiso, ellos son parte esencial de su contexto de desarrollo, por lo que su participación será de suma importancia para el buen desarrollo de la terapia, pudiendo oscilar desde el asesoramiento, la psicoeducación o pautas, hasta una intervención más global, en lo que sería una terapia familiar o individual de alguno o ambos progenitores si fuera necesario y óptimo para el desarrollo del proceso. La duración de las sesiones suele ser de 60 minutos y la periodicidad semanal en un primer momento, para pasar a quincenal cuando se fueran cumpliendo los objetivos.
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